lunes, 12 de diciembre de 2011

PUENTE AEREO


El fin de semana fue barcelonés, de forma abrumadora incontestable. Los primeros espadas repitieron el guión de los últimos años el sábado. El Madrid-Barca es intercambiable con el Atlético- Real de la última década. Una historia previsible que corre el riesgo de dejar indiferente al aficionado. Todo el estruendo mediático de la semana previa concluye con una verdad irrefutable: a fecha de hoy no hay color, entre un imperio y otro.
Me da la impresión que a Mou se le están agotando los argumentos frente a su némesis: haga lo que haga termina palmando, con la honrosa excepción de la Copa del Rey (algo es algo) y además lo hace con holgura son dar la impresión de opciones reales. Apostó por el talento y se llevó un 5-0, lego reculó al cerrojo y terminó sucumbiendo de forma justa, polémicas arbitrales al margen, en la Supercopa igualó el juego de un rival falto de forma pero apareció Messi y el sábado ni con un gol al minuto pudo llevar el partido a su terreno. La realidad es cruda: no se da más de sí, especialmente en la media donde la superioridad del talento culé es abrumadora. El Madrid es un panzer que pone a toda pastilla los partidos y pasa por encima del resto d elos rivales, pero su jugo físico y explosivo cede ante el toque de balón de su gran adversario que lo cansa de forma irremediable e impone su mayor creatividad. El Madrid es un equipazo, pero no tiene a Messi, Xavi o Iniesta superiores a cualquier jugador de la gran plantilla blanca. No es descartable un triunfo blanco en la Liga, que tiene 38 largos y fatigosos partidos muchos de los cuales no motivan especialmente al mejor equipo d e la historia harto de ganar por aplastamiento. A eso se puede agarrar una entidad traumatizada por su eminente papel secundario ante su eterno rival, algo inédito en la historia.
En el otro duelo capital-periferia los secundarios mostraron sin tapujos su situación actual, en especial la ruina colchonera que Gil y Cerezo han montado con la complicidad de una afición anestesiada. Manzano caerá pronto, como todo el mundo sabía, pero su recambio apenas mejorará nada, aunque es imposible dar peor imagen. Una entidad secuestrada por gestores sin escrúpulos no puede tener futuro alguno, ni con algún éxito esporádico como el de hace año y medio. No se ve salida al túnel porque los de arriba no van a ceder un ápice en su explotación pachanguera de la marca Atleti. A nuevo entrenador nuevo humo.

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