domingo, 22 de enero de 2012

DE LA ESPERANZA AL ABATIMIENTO


No creia mucho en la llegada de Simeone, en el enésimo cambio en el banquillo que buscaba apaciguar el clamor de la masa mediante la contratación de una referencia emocional. Sin embargo el cambio ha sido radical y sorprendente, al menos a corto plazo. Ayer en Anoeta se pudo ver al Atlético de Madrid de era pre-Gil, ese que casi había pasado a la historia y que deambuló con solvencia por los campos españoles y europeros durante no pocos año: seguridad defensiva, rápidas contras con sentido, buen toque de balón y delanteros con olfato. Todo apunta a cambio de estado de ánimo, a ilusiones renovadas. Pero no estaría mal recordar a los jugadores que sus deberes profesionales están por encima de quien se sienta en el banquillo. Aún reconociendo los méritos del Cholo, parace metamorfosis demasiado amplia en tan poco tiempo.
Hoy otro clásico en Chmartín con la depresión instaurada en el ánimo blanco. Se es ´líder en la liga, pero el nuevo fracaso ante el Barca es una losa demasiado profunda. Se tiene la sensación que se pude ganar el campeonato de regularidad más por hastío azulgrana que por los indudables méritos blancos. Nunca en su historia el Real madrid se había sentido tan inferior a un rival, cinco victiorias y dos empates consecutivos en el Bernabeu era algo impensable, pero se ha producido. Como le ocurre al Atlético ante el Real, la rivalidad puede terminar muriendo si no existre un mínimo de competición. Se buscan soluciones por todos los lados: jugar más al ataque, sacar a lo mejores, presionar más arriba, esperara a la contra....todo parece inútil hasta que no se solucione la raíz del desequilibrio: la diferencia de calidad en el centro del campo. No se puede alcanzar a la que sea probablemente la mejor media de la historia, pero sí aproximarse y tratar de romper la balanza con delanteros más rápidos y mayor profundidad de banquillo como los tiene el Real. Pero su entrenador siempre ha apostado por el músculo en la media en todos sus equipos. Tal vez el problema radique en aquél que fue considerado como la solución.